Rectoría

      María Teresa Concha Ortúzar, rectora CASC:

           “En comunidad se construye el sello y la identidad de un colegio”

Se siente feliz y honrada frente a estos nuevos desafíos que le regala la vida: regresar a su querida ciudad y formar parte de una institución basada en valores humanistas, cargo que asume con gran humildad y vocación.

Escrito por Macarena Agusto Ortiz 

Por estos días, la nueva rectora del Colegio Amanecer San Carlos, María Teresa Concha Ortúzar, prepara el retorno a clases de sus estudiantes y recorre las dependencias del establecimiento para conocer hasta el más mínimo detalle. A pesar de la pandemia del coronavirus, la profesora de Lenguaje y Filosofía proyecta este año académico con optimismo, alegría y fe, entendiendo que cada proceso de la vida es una oportunidad para mirar el futuro con expectativa.

María Teresa Concha Ortúzar, rectora CASC

María Teresa Concha Ortúzar, rectora CASC.

Son casi las 11 de la mañana y ha pasado esta jornada en reuniones con el equipo directivo y administrativo, planificando lo que será el inicio escolar de este año académico 2021. De hecho, inmediatamente agrega a esta conversación que, durante el mes de marzo, las clases se llevarán a cabo de forma virtual, y que en el mes de abril se realizará un retorno gradual en modalidad mixta, con clases presenciales y online.

Se ve tranquila y con alegría, porque ama su profesión y disfruta intensamente lo que hace. Al preguntarle por sus recuerdos de infancia, relata que vivió parte de su niñez en el sector de Lota Alto, ciudad minera llena de historia, que le brindó esperanza y un mundo de felicidad que nunca terminará de agradecer. Dice todo esto evocando aquellas tardes cuando jugaba con sus hermanas en el Parque Isidora Cousiño de Lota o esos momentos de tranquilad cuando desde los miradores contemplaba el mar escuchando de cerca a los pavos reales, que paseaban libremente por este icónico parque.

Parque Isidora Cousiño, ubicado en la comuna de Lota.

En este punto del relato describe que “mi padre era supervisor en la Empresa Nacional del Carbón (Enacar); de hecho, tengo muy lindos recuerdos, porque vivíamos en una casa muy grande, con subterráneo, que eran las casas que Enacar entregaba a sus trabajadores, a los que tenían cargos”, dice.

En esta cálida mañana de febrero, se emociona al regresar al pasado con esas imágenes que aún guarda en su memoria con su padre, quien desde pequeña la impulsó a perseguir y creer férreamente en sus ideales.

Eterna agradecida de la vida, doña María Teresa describe que uno de los hitos que ha marcado su carrera profesional fue llevar la educación a comunidades rurales; entre ellas, destacan Quilleco y Pichilemu, en donde compartió con entusiasmo y fraternidad experiencias que van más allá del conocimiento formal, pues estaba totalmente convencida de que la educación debía potenciar al ser humano en todas sus dimensiones.

En su escritorio y con su taza de café explica que, por herencia de sus padres, pertenece a la familia Ortúzar, “una familia conservadora y complicada a nivel político y, a su vez, soy parte de la familia Concha, una familia demócrata; entonces, crecí viendo estas dos realidades” (ríe). A medida que avanza la conversación, también agrega que el padre de su madre, Francisco Ortúzar, fue uno de los primeros intendentes que tuvo la Región del Biobío: “De ahí viene todo un peso político que me fue marcando, pero también me ayudó a buscar mi propio camino”, afirma.

Con mucho orgullo revela que son una familia muy unida, compuesta por cinco hermanos: cuatro mujeres y un hombre. Hoy, cada uno dedicado a su profesión, aunque no fue la única que eligió la pedagogía como opción de vida, pues dos de sus hermanas también son profesoras: Angélica y Nancy. Luego le pregunto en dónde realizó sus estudios académicos y comenta que gran parte de su formación profesional la realizó en la Universidad de Concepción. “En esa casa de estudios conocí a personas que para mí fueron tremendamente influyentes; además, como alumna de la universidad realicé muchas actividades, entre ellas, el proyecto de alfabetización en la comuna de Lota”.

La Universidad de Concepción fue una escuela muy especial y significativa para su formación profesional.

Siempre preocupada por el crecimiento de los demás realza la importancia que, por esos años, significó el movimiento Servicio Paz y Justicia (Serpaj), en donde participó en forma directa, promoviendo la no violencia y los derechos humanos. También en esta etapa tan apreciada de su vida, cuenta que “tuve la suerte de conocer al Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel”, escultor argentino y defensor de los derechos humanos, con quien trabajó en diferentes proyectos y actividades.

En esta entrevista describe que está casada con un ingeniero y que es madre de dos hijos: José Enrique (34) y Simón (26); ambos son médicos: el mayor, es traumatólogo y trabaja en el Hospital Clínico del Sur. De la misma manera, su hijo menor, quien también está en la primera línea de la batalla en esta lucha contra el coronavirus, es médico general en un consultorio en la comuna de La Granja (Santiago), y actualmente se encuentra realizando su general de zona, en donde ha tenido que enfrentar, como ella misma dice, la “peor cara de esta enfermedad”; sin embargo, se ha entregado por completo a su vocación.

Junto a sus alumnos del Colegio Saint Gaspar College.

La profesora de Español y Filosofía y Magíster en Currículum y Evaluación, luego de ejercer su profesión en las localidades de Quilleco y Pichilemu, se radica en Santiago con su esposo. A pesar de ser una ciudad que nunca amó, reconoce que “Santiago me entregó muchas opciones en el área laboral que, sin duda, cimentaron mi carrera profesional”. De hecho, con más de 38 años dedicados a la educación, fue justamente en esta ciudad, en el Colegio Saint Gaspar College, ubicado en la comuna de Ñuñoa, en donde realizó uno de sus más importantes y valiosos trabajos.

Una vez más sus ojos expresan alegría por esta institución educativa perteneciente a la Congregación de los Misioneros de la Preciosa Sangre, en donde ejerció su profesión por más de 12 años, hasta los últimos días del 2020, cuando decide regresar a su ciudad natal. “Mi esposo es gerente de una empresa en Santiago, pero ahora tiene que trabajar en los Astilleros y Maestranzas de la Armada (ASMAR). Entonces, se traslada con todo su equipo de personas para trabajar acá y eso me da la opción de poder volver a Concepción y postular al cargo de rectora del Colegio Amanecer San Carlos”.

Cuéntenos un poco sobre su vocación. ¿Desde niña supo que se quería dedicar a la educación?

–Siempre, nunca lo dudé. También me gustó mucho el periodismo; de hecho, era bien admiradora de la periodista Oriana Fallaci. Me encanta ella, aunque nunca dije: “voy a ser periodista”. ¡Estoy feliz con la pedagogía, ha sido mi vocación! Además, como nosotras éramos hartas hermanas, de chica jugaba a ser la profesora y las ordenaba a todas (ríe). Nunca he dudado al pensar que tomé la decisión incorrecta al ser profesora; creo que las mayores satisfacciones las he tenido en el aula con los alumnos, como en el Colegio Saint Gaspar, por ejemplo.

La pedagogía es su vocación y se refleja en cada proyecto que emprende.

–Se nota que aún recuerda con mucho cariño el Colegio Saint Gaspar…

–(Silencio) La gran riqueza que tiene el Saint Gaspar son los alumnos. Ellos me acompañaron siempre, en todo momento, hasta el día de hoy; es más, como sabían que emprendía un nuevo desafío, me enviaron saludos y videos para desearme lo mejor.

–¿Qué significa para usted ser profesora?

–Es una forma de vida que uno tiene que proyectar en los jóvenes, y cuando hablo de forma vida, implica no solo entregar contenidos, sino también entregar directrices que impulsen a los jóvenes a que en lo negativo puedan ver lo positivo. En ese sentido, no puedo concebir que un profesor sea repetidor de materia, porque el profesor tiene que ser un mostrador de mundos.

También, me extraña que muchos jóvenes que estudian pedagogía huyan del aula o no les guste estar en la sala de clases. Además, he visto que casi todos los magísteres que hacen son para director o cargos directivos, como si estar en una oficina fuera lo máximo. De hecho, todos los cargos para mí son cargos de servicio y la persona que tiene un cargo debe estar en terreno y ver lo que pasa (silencio).

En definitiva, el profesor tiene que ser un líder dentro de su sala de clases, para que los alumnos puedan creer en él.

–¿Cómo se enteró de la existencia para postular a este cargo?

– Me gustaría agregar que a todos los concursos en donde me he presentado ha sido con mi currículum y con lo que yo soy (silencio). Respecto a este cargo, me enteré a través de Diario El Sur, por un Whatsapp que me envía mi prima, en donde me dice: “postula a este colegio, porque creo que te puede ir bien ahí, de acuerdo a todo lo que tú haces”.

–¿Cuáles son los principales desafíos que se plantea como rectora del Colegio Amanecer San Carlos?

–Ver a un equipo integrado en donde todos caminemos hacia el mismo lado. Junto con eso, me gustaría potenciar el colegio en todas las mediciones externas que correspondan hacer, pero eso tiene que ir unido a un equipo que trabaje de forma férrea, convencido de lo que está haciendo.

También me interesa potenciar a los profesores y todo lo que el colegio posee, que el profesor se sienta valorado y tomado en cuenta. Al mismo tiempo, trabajar hacia una escuela que sea ciento por ciento efectiva, y cuando hablo de efectividad, hablo también de integralidad, de logros y metas. En ese sentido, soy lo menos burócrata que existe; para mí el trabajo tiene que ser un trabajo por objetivos, porque los objetivos te llevan a metas.

De izquierda a derecha: Asesora técnica pedagógica, Margaret Wilhelm; rectora, María Teresa Concha Ortúzar; representante legal, Daniel Padilla Soto-Aguilar.

–¿Cuál es el sello que quiere dar a su gestión?

–Creo que el sello lo damos todos juntos (silencio). En comunidad se construye el sello y la identidad de un colegio; es decir, amar lo que uno hace y, lo otro, ser un líder invisible, estar ahí, pero no verse. También es importante que los logros sean de la comunidad, no de una persona, porque uno da las directrices, pero los alumnos, los apoderados y las familias son el sello. Asimismo, los auxiliares son tan importantes, los asistentes de la educación, desde el portero que saluda y recibe con cordialidad a las personas; en definitiva, todos ellos son la cara y el sello del colegio.

 –¿Qué participación considera que deberían tener las familias en el proceso educativo de los estudiantes?

–El colegio es una tríada; es decir, es el colegio, el alumno y las familias. Sin la familia, el colegio es poco lo que puede avanzar, porque la familia es la que entrega la parte más importante. El colegio puede moldear y ayudar, pero la familia debe tener una participación directa en todo el proceso de aprendizaje.

También, me gusta mucho el apoderado que es un crítico constructivo, no aquel que critica por criticar y no aporta nada; en ese sentido, siempre voy a escuchar a los apoderados que proponen o aquellos que dicen: “sabe, sugiero esto” y que, además, se da un tiempo para ver las mejoras.

–La etapa de retorno a clases presenciales propuesta por el Mineduc, sin duda, será un nuevo desafío para las comunidades educativas. En ese sentido, ¿qué acciones o medidas implementará el Colegio Amanecer San Carlos para afrontar este año académico?

–El colegio armó un plan de retorno muy bien elaborado y ese es el que hay que seguir, porque ahí están todas las directrices y lineamientos para este año académico 2021.

Marzo es un mes en el cual el colegio decidió trabajar de forma virtual, pero en abril se trabajará en modalidad virtual y presencial. Entonces, el colegio también se ha estado preparando con la implementación de computadores; las salas están muy bien habilitadas, al igual que todo el proceso de sanitización.

–En su opinión, ¿cómo ve este retorno a clases?

–Esperado, sobre todo por los más pequeños. Es fundamental que ellos puedan volver a reencontrarse con su entorno, con sus compañeros y profesores.

También pienso que la educación, como la vivimos a distancia el año 2020, no es que se vaya a ir, porque comprendemos que ahí tenemos una poderosa herramienta de trabajo también, que no puede desperdiciarse, pero es fundamental la parte presencial.

–Para usted, ¿cuál es el principal valor de una comunidad educativa?

–Creo que son sus alumnos, sus profesores y apoderados; en definitiva, las personas, porque sin ellos la comunidad educativa no existe. Dentro del valor, también está lo que uno va entregando y lo que se hace.

–En ese sentido, ¿cómo cree usted que debe ser un líder?

–Para mí no habría un tipo de liderazgo en donde se encasilla a una persona como un líder autoritario, paternalista, etcétera. Estoy convencida de que un líder debe poseer varias características, aunque por ningún motivo tiene que ser un figurón. El líder tiene que dar las directrices pero, a su vez, debe tener la humildad suficiente para hacer que la comunidad brille, porque aquí no está solamente el trabajo de una persona, sino de una comunidad. Por lo tanto, me gusta más hablar de un líder invisible; es decir, aquel que tiene que estar ahí, pero que no debe verse, sino que sentirse.

–Finalmente, ¿qué mensaje le puede dar a los estudiantes del Colegio Amanecer San Carlos?

–Que sean perseverantes. Si quieren lograr metas, tienen que ser disciplinados, responsables y perseverantes. Vuelvo a repetir la palabra porque es fundamental. También deben tener tolerancia al fracaso, porque uno se va a caer muchas veces, pero hay que levantarse. A veces, los jóvenes creen que el éxito está a la vuelta de la esquina; sin embargo, el éxito está mucho más allá y solamente lo logran aquellos que trabajan para eso.

–¿Y un mensaje para los profesores?

–El mensaje es que puedan creer en ellos mismos y en el trabajo que vamos a hacer juntos. Yo soy muy leal con la gente, pero también exigente. Que trabajen pensando que tienen que dejar huellas en sus alumnos, que amen lo que hacen, y que el alumno sienta que hay una vocación detrás, porque ese es el mejor premio que un profesor puede tener.