La ingeniería y el teatro: dos áreas que apasionan a este joven profesional

  • Estaba ansioso por conectar a esta entrevista y regresar, aunque sea de manera virtual, a su querido establecimiento que lo acogió durante cuatro años. Su responsabilidad, carisma y humildad resaltan en los comentarios del chat en Instagram live.

Por Macarena Agusto Ortiz 

Tomás Illanes Vega es un claro ejemplo de que las actividades extracurriculares permiten a los estudiantes perseguir y desarrollar sus sueños y habilidades con total libertad. De hecho, en la enseñanza media, el ingeniero comercial titulado en la Universidad del Bío-Bío y exalumno del Colegio Amanecer San Carlos de la generación 2014, se interesó en potenciar sus capacidades en los talleres de fútbol y música, dictados en la mencionada comunidad educativa.

Luego, en la universidad, además de concentrarse en su carrera, Tomás dedicó su tiempo al teatro, arte escénica que descubrió mientras estudiaba Ingeniería Comercial y que lo llevó a formar parte del elenco estudiantil de la universidad, con presentaciones en Chile, Cuba y Argentina.

Hoy, a sus 23 años, recuerda su paso por el colegio como una experiencia “cercana y familiar”, destacando entre esas añoranzas, las ferias de emprendimiento que se realizaban en el colegio y que, justamente, lo ayudaron a decidirse por estudiar Ingeniería Comercial. De la misma manera, relata que el profesor de tecnología, Juan Carlos Maldonado, fortaleció su interés en hacer “cosas más allá de lo curricular”.

-¿Cómo has vivido este tiempo de cuarentena?

-Disfrutando de unas vacaciones, porque terminé recién la carrera en julio (2020), así que he estado aprovechando este tiempo para descansar.

-¿Qué es lo que recuerdas con más cariño del colegio?

-A los profes, porque siempre nos trataron con mucho cariño, eran como una familia, y siempre había “tallas” que compartíamos. Estuve cuatro años en el colegio, llegué el 2011 y todos los profesores jefes que tuvimos fueron muy simpáticos y preocupados por nosotros; por lo tanto, fue una bonita experiencia.

-¿Qué significó haber estudiado en el CASC?

-Fue una experiencia bien cercana y familiar. Cuando llegué, el colegio tenía un año de vida; entonces, esperaba que fuera un poco más “serio” o formal, pero los profes siempre fueron bien preocupados y cercanos, así es que eso influyó mucho en mi decisión de quedarme. Además, me sentí querido, los profesores siempre nos apoyaban. También, es muy importante la experiencia que tuvimos en cuarto medio, en la primera feria emprendedora que organizó el profesor César Aravena, la cual fue bastante determinante, porque me ayudó a decidirme por estudiar Ingeniería Comercial.

-En ese sentido, ¿qué materias o asignaturas llamaron tu atención?

-Todas tienen un cierto nivel de importancia, pero después, por la carrera: lenguaje y matemáticas, ya que siempre son las bases para muchas otras cosas, y también historia, porque nos ayudó a tener una perspectiva diferente de las cosas que pasaban y a profundizar un poco más en los procesos que vivimos. Filosofía y psicología también me gustaban bastante, eran otros ramos que te hacían pensar, no solamente memorizar o responder preguntas que podrían ser casi como una pauta; te hacían reflexionar y varias veces salían debates interesantes entre nuestros propios compañeros y profesores. Entonces, historia y filosofía eran mis favoritas.

También recordó con cariño las actividades del colegio, entre ellas las Fiestas Patrias (2014).

-¿Si tuvieses que elegir una de las dos asignaturas?

-Me quedo con filosofía, lo siento profe (ríe).

-En términos profesionales y humanos, ¿qué profesor marcó tu vida en el colegio?

-Cada profesor influye de forma distinta. Como mencionaba, el profesor César con su asignatura de emprendimiento siempre fue una inspiración para ver algo distinto a lo que se hace normalmente. La profesora Yenny Bizama nos ayudaba a ver de forma crítica los distintos eventos; el profesor de tecnología, Juan Carlos Maldonado, quien todos los años nos invitaba a un concurso que era de la carrera de Ingeniería en Construcción de la Universidad Andrés Bello; por lo tanto, él fortaleció el interés de hacer actividades más allá de lo curricular y de aprender cosas nuevas.

-¿Qué fue lo mejor que te llevaste del Colegio Amanecer San Carlos?

-Bueno, hay muchos recuerdos (ríe). Siempre me acuerdo de la feria de emprendimiento. En ese sentido, recuerdo que hicimos nuestro emprendimiento de venta de tacos, y antes de terminar ya teníamos todo reservado, así que desde un comienzo presentimos que nos estaba yendo bien. Había un compañero que hacía la promoción y salía a vender para todos lados. Entonces, fue un trabajo muy lindo y de equipo. También las actividades extraescolares que hacíamos con el profesor Juan Carlos, cuando viajábamos a la Universidad Andrés Bello. Los eventos que realizábamos para el 18 de Septiembre también eran muy entretenidos.

-Además de los profesores, ¿quiénes formaron parte de tu proceso académico?

-Siempre recuerdo nuestras actividades después del colegio, como los talleres de fútbol y de música. En ese sentido, los profesores extraescolares también fueron un gran aporte para nuestra formación académica. Además, con los tíos del aseo, me quedaba conversando y en la tarde con los inspectores, durante los recreos.

-¿Qué te llevó a estudiar Ingeniería Comercial?

-Creo que fue una mezcla de varios factores, a mí me costó decidirme; de hecho, en cuarto medio del segundo semestre, recién ahí decidí por completo lo que iba a estudiar. Como decía, el ramo de emprendimiento me ayudó bastante. También recuerdo que un momento decisivo fue en la asignatura de historia: teníamos que hacer una disertación y la profesora nos dejó elegir un tema y escogí el de la desigualdad, porque me llamaba la atención y empecé a investigar sobre eso; hice mi presentación y ahí me interesó el tema de economía. Cuando terminé mi presentación, un compañero me dijo: “Tú tienes pinta de ingeniero comercial”. Así que empecé a investigar y, de hecho, llegué a la carrera pensando más que nada en el área de economía.

-¿Cómo fue tu experiencia cuando recién entraste a estudiar Ingeniería Comercial?

-El primer año creo que es el más difícil, porque hay un cambio bastante importante en cuanto a la estructura en la que uno aprende. En el colegio hay horario de entrada y de salida y ramos definidos, pero en la universidad es distinto, porque existen horarios diferentes, puedes tener clases muy temprano o muy tarde o intervalos de tiempo muy grandes, ahí cada uno ve cuando almuerza y los ramos también son distintos. Por lo tanto, más que el grado de dificultad, sería la forma en cómo hay que adaptarse, pero después con tiempo y organización, se puede lograr. Eso me jugó en contra el primer año, porque llegué un poco relajado y sin un horario de estudio. En definitiva, el consejo más importante es aprovechar el tiempo.

En la universidad, Tomás participó como monitor estudiantil y, además, organizó congresos dentro de la carrera.

-En la universidad, ¿qué actividades recreativas realizabas?

-Me involucré en distintas actividades; primero, participé del taller de tenis de mesa; después, organicé congresos dentro de la carrera y, finalmente, lo más interesante que hice fue tomar un ramo de teatro, y terminé entrando al teatro estudiantil, siendo parte del elenco del teatro de la universidad, lo cual fue una actividad bastante enriquecedora; de hecho, me quedé los cuatro años participando del teatro,  el cual estuvo lleno de experiencias positivas, me ayudó a desarrollar habilidades de  comunicación y trabajo en equipo y, además, a tener un momento agradable dentro de la universidad.

-Háblanos del teatro…

-Ahí participé en varias obras, al principio era un técnico de iluminación y sonido, así que ayudaba en otras obras, después empecé a actuar también. En ese sentido, la universidad fue muy apañadora, porque nos entregaba un presupuesto para poder montar una obra y después, si nos iba bien, también nos ayudaba para llevar la obra a otras ciudades de Chile y compartir el trabajo que estábamos haciendo.

Finalmente, en cuarto año, la cúspide por así decirlo de mi carrera en el teatro, fue una beca que me gané, que estaba ofreciendo la universidad, y me permitió ir a estudiar actuación a Cuba durante un mes. En ese sentido, creo que es importante que las universidades fomenten las actividades extraprogramáticas.

-Respecto de los conocimientos entregados por el colegio, ¿cómo han impactado en tu formación profesional?

-En el colegio tuve una buena base de álgebra. Además, recuerdo que teníamos un electivo de esa materia; por lo tanto, fue súper útil para la universidad. También lenguaje me ayudó para la PSU y la universidad. Asimismo, tuve una buena base en el área científica, en realidad en todas las materias.

-¿Qué consejo le darías a los alumnos que hoy estudian en el colegio Amanecer San Carlos?

-Que se preocupen de conocer la oferta tanto de instituciones como de posibles carreras. En mi caso, tardé demasiado en escoger una carrera, después me pilló mucha información y me costó un poco procesarla; tuve suerte de encontrar rápidamente una que me gustara. Pero después, entrando en la universidad, me di cuenta de que se me pasaron varias carreras que son interesantes, porque no me di el tiempo de investigar sobre eso. Entonces, si pueden, tomen el tiempo con tranquilad para buscar distintas instituciones.