La vocación, ante todo: la historia de Claudia de la Fuente Pereira

  • Egresó del Colegio Amanecer San Carlos el 2014 y hoy cursa 5to año de la carrera de terapia ocupacional en la Universidad San Sebastián, institución que le entregó las herramientas para comunicarse con los “usuarios” de una manera cercana y familiar. 

Por Macarena Agusto Ortiz 

Su alegría, entusiasmo y vocación por la terapia ocupacional se reflejan en cada palabra que expresa a través de esta entrevista; de hecho, se declara una “enamorada” de su profesión, que descubre en cuarto año de enseñanza media cuando, en ese entonces, pensaba estudiar psicología; sin embargo, esta opción desapareció debido a que, finalmente, encontró su camino académico: la terapia ocupacional.

Hoy, Claudia de la Fuente Pereira, exalumna del Colegio Amanecer San Carlos, sonríe y habla con emoción sobre su práctica profesional, que comenzará de manera virtual el 30 de noviembre en el Hogar de Adultos Mayores “San Vicente de Paul”, ubicado en Candelaria, en la comuna de San Pedro de la Paz.

Desde hace tres años, la joven estudiante es parte del equipo de voluntarios de Teletón.

También, cabe destacar que su interés y curiosidad por la terapia ocupacional nace, en primera instancia, a partir de una conversación que tuvo con una compañera de cuarto año medio, cuando realizaban un ejercicio sobre posibles carreras a estudiar. Claudia describe que, en ese minuto, le pregunta a su compañera por sus intereses vocacionales y por la carrera que iba a estudiar; fue ahí cuando escuchó por primera vez la opción de terapia ocupacional.

Luego de oír estas palabras, la joven de 23 años llegó ansiosa a su casa e inmediatamente averiguó sobre esta disciplina a través de videos y fuentes documentales. En su investigación, descubrió que es una carrera “ligada a la rehabilitación en todos sus sentidos; también que se trabaja con niños, y que era un plus que yo buscaba seguir; además, por las habilidades que considero que tengo, me va bien en esa área; se trabaja con adultos mayores, con comunidades, con personas jóvenes y adultas”, dice.

-¿Cómo has continuado tus estudios durante la pandemia?

-Ha sido súper complicado… ya debería haber ingresado a mi práctica profesional, pero como mi carrera está dentro de las carreras del área de la salud, el ingreso no estaba permitido producto de la pandemia, así es que ahora (hace dos meses, aproximadamente), empezaron a ingresar, por oleada, mis compañeros.

Su vocación es evidente. Ama y disfruta aportar desde su profesión, a quienes más lo necesitan.

 -¿Dónde harás tu práctica profesional?

-En el Hogar de Adultos Mayores “San Vicente de Paul”, que se encuentra a la entrada de Candelaria, en San Pedro de la Paz. Ahí empezaré con esta nueva modalidad online, así que estoy con todas las energías; además, desde mi carrera, se puede aportar de diferentes áreas.

-¿Estás nerviosa?

-Sí, estoy nerviosa, porque ya no nos vamos a ver de manera presencial, aunque estuve compartiendo con ellos las dos primeras semanas de marzo, hasta que comenzó esto de la pandemia y ahora volver a verlos dentro de una modalidad virtual, donde han pasado muchos meses. No creo que me recuerden, así que todo lo trabajado habrá que volver a retomarlo, pero estoy contenta y feliz, porque ya han sido muchos meses que he estado esperando mi internado.

-¿Cómo fue tu experiencia en el Colegio Amanecer San Carlos?

-Del colegio me llevo muy lindos recuerdos, desde cuarto medio que es el año que lo tengo claramente marcado; el aniversario, las Fiestas Patrias, mis compañeros con quienes hasta el día de hoy tengo contacto… el pololo (ríe), igual los profesores siempre fueron cercanos; en definitiva; fue muy bonita experiencia en relación a todas las personas que conocí.

-¿A qué profesor recuerdas con cariño?

-Al profesor César Aravena, por su personalidad tan cercana y por ser tan cálido con todos los compañeros. Además, recuerdo que cuando fui al colegio (años anteriores), todavía él te saluda, te pregunta cómo has estado, se alegra porque te ven y eso igual es significativo para uno, porque se nota que aún está el recuerdo. A la profe Yenny igual, por sus clases de historia; a la profesora Evelyn de educación física, y a la profe Magda de matemáticas.

Recuerda con cariño a sus compañeros del colegio, quienes a través del chat de Instagram live le envían palabras de éxito.

-Y de tus compañeros… ¿qué recuerdos tienes?

-Recuerdo a mis compañeros que tuve desde octavo a cuarto medio: a Tomás, a Elías, a Franco, a la Anita, a María Paz, a Manuel, son muchos y el contacto todavía existe; la universidad no fue un impedimento para que la amistad se haya roto.

-¿Qué significó haber estudiado en el CASC?

-Lo más significativo que me llevo del colegio es su formación laica, porque el colegio no está “amarrado” a una ideología religiosa; entonces, eso igual fue significativo, porque venía de un colegio en Concepción donde estuve desde kínder hasta 7° año con una ideología bien católica, muy estricto, con reglas; entonces, llegar a este colegio fue muy significativo. No estoy diciendo que el Colegio Amanecer no tenía reglas, ni cosas así, pero las personas y la comunidad no eran “cuadradas” en ese sentido.

-En el colegio, ¿qué asignaturas llamaban tu interés?

-Asignaturas ligadas a lenguaje, historia y biología; también las complementarias, que considero que son muy importantes: música, arte, educación física, filosofía, psicología, nos ayudaban a entender la forma de la vida o teorías en relación al comportamiento humano; entonces, esas instancias se aprovechan harto.

-¿Qué te llevó a estudiar terapia ocupacional?

-En cuarto medio estaba muy pegada con estudiar psicología y no había otra opción, aunque siempre tuve claro que no quería estudiar nada que tuviese relación con matemáticas, porque en matemáticas soy un cero a la izquierda (ríe). Entonces, siempre una carrera relacionada con el área de la salud; eso lo tuve claro desde el principio.

Cuando estaba en cuarto medio, escribimos en una cartulina la carrera que queríamos estudiar, con nuestro nombre, y luego la pegamos al final de la sala para verla todos los días y para poder decir: “Tengo una meta, un sueño y voy por ese camino”.   En ese momento, le pregunté a una compañera por la carrera que quería estudiar y me dijo: “No sé, estoy entre odontología o terapia ocupacional”; entonces, le respondí: “¿Terapia ocupacional?”, de qué se trata, yo nunca la había escuchado”. Recuerdo que ella me comentó que es una carrera que tiene relación con la rehabilitación, que se trabaja con niños y que el área conocida es la Teletón.

Ese día llegué a mi casa, busqué, investigué, vi videos, y sí, claramente es una carrera ligada a la rehabilitación en todos sus sentidos; también que se trabaja con niños, y que era un plus que yo buscaba seguir; además, por las habilidades que considero que tengo, me va bien en esa área; se trabaja con adultos mayores, con comunidades, con personas jóvenes y adultas.

-El apoyo de tu abuela fue fundamental…

-Sí, además fue educadora diferencial. A ella le comenté que estaba en esta duda de psicología o terapia ocupacional, y recuerdo que me dijo: “Ándate por terapia, psicología es una carrera que es bastante conocida; además, está un poco saturada; también, terapia es una carrera bonita, vas a trabajar desde la rehabilitación con los niños”. 

Mi abuela tiene un centro de discapacidad en Lota, abierto a la comunidad y de manera gratuita; trabaja con terapeutas ocupacionales; entonces, hasta el día de hoy considero que mi abuela es la única de mi familia que sabe netamente lo que yo voy a trabajar en el día de mañana (ríe).

-¿Por qué estudiar terapia ocupacional y cuál es su importancia social?

-Es una carrera que está ampliamente ligada al área de la salud; se trabaja desde la independencia para volver a recuperar la autonomía de la persona, si es que ha tenido alguna patología o si es que está en situación de discapacidad. Es una carrera totalmente amplia, con un foco de intervención tan humano y de mucha vocación, de querer entregarle herramientas a la otra persona para que se desenvuelva de forma independiente. Eso es lo que me gusta de mi carrera, el enfoque biopsicosocial, porque no nos centramos solamente en la patología de la persona, sino que vemos la globalidad de ella, tanto en su entorno como su contexto y familiares.

-¿Cómo fue tu experiencia cuando recién entraste a la carrera?

-Cuando entré a la carrera sabía de una forma muy general o lo típico que varios conocen: que trabajan en la Teletón, con niños. Entonces, esta primera experiencia al entrar fue descubrir de qué trataba la carrera; además, en la universidad tú organizas tu tiempo y ves a qué hora estudias. Por lo tanto, fue un cambio súper fuerte, porque en el colegio no me iba muy bien (ríe), tampoco me iba mal; sin embargo, en la universidad pude ver las buenas notas (ríe).

-En la universidad, ¿qué asignaturas llamaron tu atención?

-En segundo año tenemos un ramo que se llama “destrezas terapéuticas”; ahí es cuando ves si te gusta la carrera o no; es nuestro primer acercamiento a los “usuarios”, es decir, a las personas. En esta etapa, vamos en grupos de seis compañeros, ya sea a algún centro y llevamos actividades. También, mi carrera tiene mucha relación con las personas, con el vínculo terapéutico.

Dentro de esas asignaturas, estaban los ramos ligados a niños, como “pediatría”; también la parte comunitaria me interesó bastante; lo que no me gustó mucho, y ahora hago la catarsis (ríe), fue que menos mal que no entré a estudiar psicología, porque nosotros tenemos un ramo que se llama “psicopatología”, en donde vemos todas las patologías asociadas a lo mental, divididas en muchas áreas y tipos; entonces, con ese ramo la sufrí y lloré (ríe).

Desde el primer día en la universidad, Claudia disfrutó su carrera con alegría y pasión.

-Se nota que la universidad fue muy importante en tu vida académica y personal…

-La universidad, además de aportar conocimientos, te entrega excelentes personas; tengo un grupo de amigas que para cualquier cosa están; de hecho, estudiamos juntas para los certámenes. En definitiva, encuentro que los cinco años que pasé en la universidad los disfruté; por ejemplo, todas las actividades extraprogramáticas que no hice en el colegio, sí las hice en la universidad.

-¿Qué actividades extraprogramáticas lograste realizar?

-Estaba en el voluntariado de discapacidad; talleres de braille, de lenguaje de señas, talleres que me pudieran aportar en el día de mañana en lo profesional. También participé en la Federación de Estudiantes dentro del equipo de acceso de inclusión de la universidad; en unos proyectos buenísimos hicimos actividades de sensibilización hacia la comunidad. Actualmente soy voluntaria de Teletón desde hace tres años, y hace poco ingresé como voluntaria a una agrupación de familias y de padres con niños que tienen la condición del espectro autista.

-¿La formación recibida en el colegio se proyectó en tu vida universitaria?

-Desde los profesores, principalmente, esa relación que tenían hacia los alumnos. Me acuerdo, por ejemplo, de los talleres de formación integral con el profesor César Aravena, que eran esos talleres que rompían el esquema o la rutina; además, el profesor César nos llevaba actividades de trabajo en equipo.

-¿Cómo te proyectas a futuro?

-Me veo trabajando en lo que me gusta, que es el área de pediatría, el área infantil; ojalá de aquí a ciertos años pueda capacitarme, hacer cursos y volverme una especialista en esa área. Me veo viajando, proyectándome, formando una familia, teniendo mi casa propia, pero haciendo lo que me gusta.

También, en este tiempo de pandemia, se me dio la oportunidad de estudiar un diplomado en autismo de forma online y eso me tiene feliz y encantada.

-Un mensaje para nuestros estudiantes de tercero y cuarto año medio…

-Que busquen, investiguen, sean “catetes” con la universidad… pregunten sin miedo, pidan pasantías, no tengan temor a preguntar. Láncense a la piscina, es su futuro y vean cuáles son las habilidades que tienen a favor.